A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS

Los Coen vuelven al terreno de la comedia dramática para dejarnos helados con la historia de un músico de folk fracasado encarnado por un gran y omnipresente Oscar Isaac. Ninguneada por los Oscar, en los que sólo ha sido nominada a mejor fotografía y mejor sonido, se convierte a la fuerza en una de las mejores películas del año.


Con un comienzo maravilloso y brillante en el que Isaac interpreta la canción 'Hang me, oh hang me' enterita y sin cortes -como Dios manda- la película ya te atrapa por completo. Desde ese preciso instante en el que la cara de Davis se acerca al micro en el escenario de un oscuro bar, la excelente fotografía de Bruno Delbonnel se hace dueña de la función y sólo te suelta cuando salen los títulos de crédito. Mientras, somos partícipes del tortuoso viaje de un pobre músico fracasado que busca su lugar en el mundo.

Con la música folk muy presente durante todo el metraje y acompañado de un conjunto de deliciosos secundarios, Davis va llevando a cabo su odisea cual Ulises, justamente -sin ningún tipo de casualidad- como el nombre del gato que lo acompaña, hacia un destino indefinido. Secundarios como John Goodman y Carey Mulligan están escritos de forma excelente y brillan en sus apariciones, que siempre dejan esas gotitas de comedia con el sello Coen. La película tiene diálogos maravillosos y reacciones de personajes que aportan la comedia necesaria y suficiente para que el espectador no salga de la sala con el alma en los pies, ya que en el fondo es una película dura, no sólo por el frío que se intuye y sufre el protagonista, sino por el sentimiento de amargura que deja.

La única pega que le veo es que no llegamos a empatizar demasiado con el protagonista por muy desgraciado que sea, y es raro porque es un buen tipo, pero no terminamos de vernos reflejados en él. Lo que sí se podría ver como un inconveniente pero que resulta no serlo son esos momentos de quietud en los que parece que no pasa nada pero que sirven para asentar la película, asimilarla y disfrutarla poquito a poco (diálogos, fotografía...).

Parece mucho más pequeña de lo que realmente es, exactamente lo contrario a lo que le pasa a otra película que comentaré en no mucho tardar, 'La vida secreta de Walter Mitty'. Aquí hay mucho más trasfondo y mensaje, aunque cuesta captarlo, mientras que la de Ben Stiller pretende ser muy trascendente con frases muy bonitas y multitud de lecciones sobre la vida que se acaban resumiendo en una única idea bien sencillita.

La sensación que queda al salir del cine es muy extraña, como de agrado y rechazo al mismo tiempo, pero eso cambia cuando pasan los minutos, las horas y hasta los días. La película madura en la mente y se va haciendo mejor con el paso del tiempo. La vi el miércoles y hoy me gusta más que ayer, y ayer más que el viernes; y cuando pase el tiempo, igual que me pasa a mí, el cine sabrá valorar esta pequeña joya que brilla en la sombra, como en un oscuro y frío pub de Nueva York.

Pd: atentos al chico de pelo rizado de 20 añitos que sube al escenario a tocar con su guitarra y su armónica ;)

Puntuación: **** 1/2 (sobre 5)