LINCOLN


Steven Spielberg, uno de los mejores realizadores de todos los tiempos, regresa un año más al panorama cinematográfico con una obra completamente diferente a lo que nos había venido ofreciendo los últimos años. Ya fuera con películas como 'Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio', 'War horse' o 'Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal', el rey Midas hacía tiempo que no se embarcaba en un proyecto de mayor calado sentimental y profundidad dramática. Con 'Lincoln', Spielberg vuelve por esa senda que le ha llevado a grandes logros como 'La lista de Schindler', 'Salvar al soldado Ryan' o, la más reciente, 'Munich'.

Aunque el director se reencuentre de nuevo con el drama, su última creación resulta ser todo lo contrario de las anteriormente nombradas. 'Lincoln' es un retrato intimista, donde la mayor parte de sus escenas se llevan a cabo en oscuros despachos y salones, y donde la palabra toma el protagonismo sustituyendo a la imagen, tónica que había sido habitual en sus anteriores largometrajes.

A pesar de darse a conocer como una obra con tintes épicos y grandilocuencia política, observamos que al final el resultado es todo lo contrario. No hay grandes momentos, ni "americanadas" made in Spielberg en Lincoln (2012), sino que lo que empieza de forma pausada y sin sobresaltos acaba del mismo modo. Nos topamos, pues, ante un estilo que no es propio de Spielberg, donde la historia se centra más en los personajes y sus vidas que en lo que hay afuera.

De esta manera nos topamos con un producto algo cansino. Sus largos 149 minutos de duración se forman de una conversación tras otra, y parece que el conjunto no avanza y se pierde en la obsesiva recreación de un director enamorado del personaje que filma. Eso sí, el estudio del 16º presidente de los Estados Unidos es tan minucioso que se convierte en lo único que llegue a importar de todo el conjunto -ya que el final nos lo sabemos-.

A lo anteriormente dicho, añadir un Daniel Day-Lewis en estado de gracia. El irlandés, uno de los mejores actores de las últimas décadas (su caché y palmarés así lo muestran), se mimetiza de tal manera, tanto en el físico como en las formas, con Abraham Lincoln que nos olvidamos de que se trata de una actuación. Son sus palabras, miradas y gestos lo que nos hace mantenernos pendientes de una historia que queda algo lejana y nos es bastante desconocida. También ayudan a mantener el conjunto un reparto de excepción, con intérpretes tan valiosos como los oscarizados Sally Field y Tommy Lee Jones, el excelente David Strathairn, Jared Harris y el prolífico Joseph Gordon-Levitt. Personajes como el interpretado por Lee Jones nos mantienen despiertos aun cuando el presidente se ausenta de la pantalla.

Lincoln se trata, pues, de un retrato cercano, exhaustivo y familiar de una figura digna de conocer. No así la historia de fondo, que es lo suficientemente compleja como para que requiera de su documentación anterior al visionado del film. Tampoco emociona el desenlace en una película donde lo que más queda en la memoria son las excelsas palabras de una figura política de las que ya no quedan, y no así el entramado político. Con todo, 'Lincoln' es una buena película, aunque quizá nos la esperábamos mejor o, viniendo de quien viene, de otra manera narrada y filmada.

Pd: sobra decir que la estética y técnica son absolutamente perfectas.

Pd 2: no es de extrañar que después de tanto tiempo grabando diálogos en despachos y habitaciones la próxima película de Spielberg vaya a ser un apocalípsis robótico. Tendrá que desfogarse de alguna manera el hombre.

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Nota: 6,5/10

Lo mejor: Daniel Day-Lewis, en quien pensaremos a partir de ahora siempre que hablemos de Lincoln.
Lo peor: su excesiva duración con un destino que no compensa el camino recorrido.