DJANGO DESENCADENADO



Envuelto en una nueva polémica por el trato del tema de la esclavitud y su excesivo uso de la violencia, Quentin Tarantino vuelve una vez más a la gran pantalla con otro de sus peculiares y extravagante proyectos. El tejano se mete de lleno en el género western, el cual dejara claras referencias en sus anteriores películas, para tratar la historia de un esclavo que se convierte en héroe: Django.

Me apetece hablar primero de la violencia, ese tema tan criticado y llevado al extremo -en mi opinión injustamente- siempre que se habla de los largometrajes de Tarantino. Que si es excesiva, que si se recrea, que si podría evitar, que si es innecesaria... Amigos, esto es cine, si sabéis como es, sinceramente, no vayáis a ver sus películas. Al final creo que es mucho más lo que se dice que lo que se ve realmente en la pantalla. Observamos dos claras diferencias en el uso de la violencia por parte de Quentin: una, exagerada y edulcorada, que sólo tiene un fin humorístico; y otra, que hasta ahora no habíamos visto en sus obras, con otro objetivo, el de hacer sentir incómodo al espectador. Y es que, amigos, no os tiréis de los pelos por un par de escenas -que al final no resultan ser tanto- desagradables, sino hacedlo porque eso que estáis viendo ocurrió realmente.

Una vez escrito este inciso, lo primero a destacar es que sus 165 minutos se hacen terriblemente cortos. La película ofrece un amplio abanico de personajes, situaciones y diálogos como para que en ningún momento suspiremos al ver el reloj; y ello se debe a su dinámico guión. Ayuda también en gran medida la pareja protagonista, sobre todo un excelente Christoph Waltz con, otra vez más, la mejor actuación y el personaje más completo del conjunto. Lamentablemente el personaje de Django, interpretado por Jamie Foxx no da para mucho, cuestión que me defrauda un poco al tratarse del personaje principal y sobre el que gira toda la trama. DiCaprio ofrece una gran interpretación del malvado esclavista Calvin Candie, aunque algo histriónica y excasa en su duración.

Decir también que me vi altamente influenciado por las expectativas, pero Django desencadenado (2012) no me pareció la película y, sobre todo, el western que esperaba. Tarantino la ha orientado más al puro entretenimiento y a la comedia que a trascender, como creo que ocurrió en su última película, la sobresaliente 'Malditos bastardos'. Django me pareció el film, de todas sus obras que he podido ver, en el que su sello made in Tarantino se encuentra menos latente; desde unos títulos de crédito algo sosos hasta la no división del largometraje en capítulos. Eso sí, la banda sonora sigue siendo maravillosa y aplicada a la perfección, y, finalmente, en el último tercio vemos como su autor ofrece todo el arsenal que le ha hecho llegar a la cima: grandes diálogos, tronchantes momentos cómicos y sangre a raudales.

Con todo y, viendo lo que hay, 'Django desencadenado' y, en general, todo el cine del ya genio, Quentin Tarantino, se encuentra por encima de la media con un margen bastante holgado de diferencia, pero el cineasta norteamericano no logra superar su última película. Aún así, nos topamos con -sin lugar a dudas- el mejor entretenimiento del año tanto como por ser una película de calidad, como por la trama, la acción los personajes y unos golpes humorísticos brillantes -no me he reído tanto en mi vida en una sala de cine como en una escenas, y ya sabréis cual, de esta película. Magistral-.

Lo mejor: los golpes humorísticos, la acción trepidante y el personaje de Christoph Waltz.
Lo peor: Los recursos de Tarantino se empiezan a agotar, aunque sigue ofreciendo un cine de calidad.

Nota: 8/10

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