EL LADO BUENO DE LAS COSAS


Me molesta en demasía (y no cambiaré el tono debido a creer en una línea que he venido siguiendo) leer críticas que dicen cosas como "un final romanticón y decepcionante". Los supereruditos de revistas especializadas se creen que todas las películas para ser buenas han de acabar con un protagonista que se suicida, que se vuelve alcohólico o que acaba siendo el mayor de los fracasados. Por no hablar del vocabulario que exhiben y un estilo que solo busca la autocomplacencia y vanagloria. Con esas afirmaciones sólo hacen que alejarse de la audiencia y de sus propios gustos, los cuales estoy seguro hasta traicionan con tal de dar la opinión discordante y supuestamente especializada.

Dicho esto, David O. Russell hace de un material bueno algo muy bueno. Cualquier director de tres al cuarto hubiera transformado este texto en una mierda de las que han provocado que este género lleve lustros de capa caída. Después de un excelente ejercicio de estilo en 'The fighter', donde brilló el reparto por encima de todo (con dos oscarizados), O. Russell vuelve a los barrios y las calles para darnos lo mejor de sí: narrar historias tremendamente humanas.

Encontramos en El lado bueno de las cosas (2012) una comedia de las buenas. En las que cabe el drama, los diálogos trepidantes y la emoción. También ayuda un excelente elenco de actores de primer nivel. Cooper se adueña de la pantalla y Lawrence lo barre con su carácter y su belleza. De Niro logra desesperar, como personaje, y el resto cumple su labor al dedillo. Si algo diferencia a esta comedia del resto es el trato; el mimo. Por favor, que le pegue un toque, o un whatsapp, el señor O. Russell a Tom Hooper y le de unas lecciones de cómo y para qué se utilizan los primeros planos con la más absoluta perfección.

Mención aparte requiere una notable banda sonora de Danny Elfman -al que le viene de perlas separarse del excéntrico Tim Burton- y una selección musical siempre adecuada en cada ocasión.

En una película donde no hay mayores elementos que unos locos y sus dramas internos -aunque al final resulta que los únicos cuerdos son los que en un principio perdían la cabeza-, lo que marca la diferencia son las miradas, los gestos y las palabras. La única pega es que en las salas españolas, y más aún en Castilla, la carcajada no sale ni a tiros, y así es más difícil contagiarse del ambiente. A pesar de todo, asistimos a una de las mejores películas del año, con algunos altibajos, sobre todo al final, pero que te deja una grata sensación de felicidad en el cuerpo y el sentimiento de que lo poco, en buenas manos, se puede convertir en mucho.

Pd: no quiero extenderme con Jennifer Lawrence; quiero acabar esta semana la crítica.

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Lo mejor: la palpable mano del director y su excelente reparto (Lawrence...).
Lo peor: un final algo más flojo que el resto y que la comedia se pierda en el camino.

Nota: 8/10