LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

La guerra del planeta de los simios, la tercera parte y cierre de la trilogía, prescinde de la épica y el sentido del espectáculo para optar por un drama carcelario enmarcado dentro del cine bélico.

La guerra del planeta de los simios

Como en medio de un oasis, la nueva trilogía de El planeta de los simios surgió de la nada para aportar calidad, estructura y emoción a un espectador sumido en una espiral de blockbusters sin alma. La primera parte narraba el origen y la segunda plantaba el conflicto del que sería un fatal y trágico desenlace. Sin embargo, este nunca llega. Se produce un engaño total y absoluto, en el que no se le ofrece al seguidor el final prometido. En lugar de contarnos el conflicto de odio más profundo en forma de una guerra violenta y descarnada, nos ponen en su lugar un inconexo drama carcelario enmarcado dentro del cine bélico, con claras referencias a Apocalypse now, que cambia por completo el sentido de la historia.

Aunque no estableció conmigo una conexión emocional que me metiera dentro de la historia y me pusiera en el lugar de sus personajes para compartir sus sentimientos, no creo que La guerra del planeta de los simios sea una mala película. Posee un estilo y un tono propios, una buena gama de personajes y unas actuaciones muy poderosas, aparte de una potente banda sonora. No. Lo que le recrimino a este cierre de la saga es ese engaño que todo espectador debería sentir al no recibir lo prometido.

La segunda película, con un sólido guion lleno de escenas potentes y conflictos profundos, finalizaba con una conversación entre César, el líder de los simios, y Malcolm, el protagonista humano, en la que el primero le avanzaba al segundo el conflicto que de manera inexorable estaba por producirse. Aventuraba una guerra cruenta, inevitable y despiadada que acabaría con una de las dos razas. Una guerra que aquí se cuenta en off y de la que no se vuelve a saber más. Este sentimiento de engaño se agranda tras los grandiosos primeros 15 minutos de la película, en los que sí vemos cine bélico, que no de acción, con una secuencia inicial brutal que narra los horrores de la guerra, pero no volvemos a ver nada más. Esta secuencia no solo es un lastre a nivel argumental, sino a nivel emocional y puramente visual. Situar al inicio de la historia un tramo tan potente en todos los aspectos eleva demasiado el listón. Un listón que no volverá a igualarse en el resto del metraje.

Con el odio, la deshumanización y la violencia muy bien tratados, son los conflictos internos los que naufragan. César teme convertirse en un villano movido por la venganza. Un arco que personalmente no veo progresar, ni siquiera terminar. Un arco falto de tiempo o de lo que sea como para resultar efectivo.

Sí que es cierto que deja poso y la película no muere con la llegada de los créditos, y que la intención de Matt Reeves de hacer del cine palomitero algo más sesudo y profundo es notable y en cierto sentido consigue su propósito. Como película aislada me puede valer, pero como cierre no le encuentro el sentido.