SER O NO SER

Ser o no ser es una de las obras cumbre de la comedia, si no la favorita o mejor puntuada por la mayoría de los cinéfilos y amantes del género. Una historia completísima, divertida, valiente y paródica enmarcada en una situación histórica inigualable que pone en bandeja al elenco actoral el sobresaliente ante las cámaras.



Una de las muchas virtudes de Ser o no ser es su apuesta total por la comedia. A pesar de que su premisa –una compañía de teatro polaca debe detener a un espía alemán antes de que destape a la resistencia de Varsovia– sea consistente, hemos sido testigos demasiadas veces de cómo esta se agotaba pronto o daba para un potente y divertido arranque pero luego achacaba un desarrollo con un interés decreciente y falto de comicidad. Eso no ocurre en esta obra de Ernst Lubitsch. Por supuesto que hay momentos menos cómicos, necesarios para la aportación de información o para el calado del drama, pero es incluso en el tercio final cuando la comedia llega a su cénit. En muchas películas se abandona la estructura para entregarse al cien por cien a la risa; o por el contrario, se abandona la comedia en los últimos compases para ser fieles a la estructura y ofrecer un desenlace bien construido aunque más dramático; pero lo grandioso de Ser o no ser es que el desenlace une comedia con estructura, emoción con diversión, y eso es maravilloso.


Por otra parte hay numerosos gags dignos de ser recordados, chistes en repetición, suplantaciones, líos de faldas, equívocos y todos los recursos del manual de una buena comedia que son sublimados tanto por el texto como por los actores. Además están distribuidos con inteligencia y precisión, con el espacio suficiente para dejar poso. Quedarán para la historia del cine momentos como el arranque, con la sorpresiva aparición de Hitler en las calles de Varsovia y su posterior flashback, la escena entre Joseph Tura y el profesor Siletsky en el teatro o la secuencia del clímax, también en el teatro, que mezcla comedia y ternura a partes iguales.

Resulta imprescindible saber que esta parodia del nazismo está rodada en plena II Guerra Mundial, por un director judío alemán exiliado en Estados Unidos, seguramente antes de conocer la barbarie del holocausto, pero no por ello deja de ser igual de atrevida y moderna de pensamiento. Moderna también en cuanto a la percepción en el visionado. Más allá de su blanco y negro se disfruta sin necesidad de filtros o replanteamientos previos. Puede incluso que su puesta en escena totalmente teatral la haga más actual y totalmente disfrutable para cualquiera. Al que no la haya visto todavía y sea amante de la comedia, le emplazo a hacerlo sin demora.


Twitter: @feresbec