PERDIDA

El aclamado director David Fincher sabe poner su sello personal en cada proyecto que lidera, sobre todo si se trata de un thriller oscuro con espacio para jugar con el montaje y la música, rememorando sus tiempos como director de vídeos musicales. En 'Perdida' no deja escapar esa ocasión, añadiendo así otra buena película a su inmejorable lista de largometrajes

Si en algún género se mueve el director norteamericano como pez en el agua, uno de los mejores del panorama actual y de los últimos 15 años, es en el thriller. Lo demostró con 'Se7en' y 'Zodiac', pero en 'Perdida' toma un camino diferente, una vía secundaria donde la investigación y la resolución de la trama no lo son todo, sino que hay un gran camino que recorrer entre medias.

La película es un puñetazo en el estómago a los que utilizan los medios de comunicación y redes sociales para la desinformación, llevando ello a una interesada opinión pública sobre diferentes temas de interés. También es un mazazo para aquellas personas que no hacen buen uso de internet, creándose juicios propios sin fuentes contrastadas y plasmándolos sin impunidad ante el mundo entero. En esta época de la web 2.0 y la viralización de contenidos es más importante que nunca formarse antes de opinar, como también lo es hacerlo antes de comunicar, y 'Perdida' va de eso durante una gran parte de su metraje.

A eso se le suma el tratamiento ya habitual de su director, que si bien no aporta su sello de forma tan clara como en otras ocasiones, deja poso con varias escenas para el recuerdo, en parte propiciadas por su nueva colaboración con el dúo de músicos formado por Trent Reznor y Atticus Ross que ya lograran el Oscar a mejor banda sonora por 'La red social'. Mención especial merece el montaje, puesto que son constantes los saltos en el tiempo para jugar con la información que ofrecerle al espectador, y de paso crear escenas potentísimas, como una protagonizada por Neil Patrick Harris y Rosamund Pike. Ben Affleck logra cumplir con su papel, que es el de hacernos dudar en cada instante sobre su culpabilidad.

Las controversias llegan con el desenlace, atípico y duro, que seguramente saque a muchos de la película y a otros les deje desubicados. Desde luego es sorprendente.

A pesar de los piropos dedicados, la película tiene bastantes agujeros de guión, cuestiones que pensadas en frío no tienen mucho sentido pero que te las tragas con patatas cuando las ves en la sala, lo que significa que ese pacto entre espectador y creador de "tú me entretienes y yo te concedo licencias" funciona a la perfección.

Recomendable, y más en esta semana, donde las entradas valen 2'90 gracias a la Fiesta del cine.

Puntuación: **** (sobre 5)