RUBY SPARKS

Hace tiempo que los romances y, más aún, las comedias románticas perdieron la frescura en Hollywood. Después de varios lustros con un sinfín de bazofias, unas seguidas de otras, el cine independiente y directores sin demasiado renombre pero con un gran futuro vuelven a otorgar a un género, que hace mucho tiempo merecía la pena seguir por el buen hacer de sus historias y personajes, la calidad y, sobre todo, el respeto que se merece -tanto él mismo como el público al que va dirigido-.

Ruby Sparks (2012) va de un joven y aclamado escritor al que un día se le agota su capacidad creativa. Sumido en un pozo de soledad y soportando la gran losa del éxito pasado descubre a Ruby en sus sueños, una chica sobre la que empieza a escribir y enamorarse. Un día resulta que Ruby, la chica que él mismo creó, ha cobrado vida y vive en su casa, y que ella es tal y como la escribió.

La película trata sobre la complejidad del amor y el peligro que supone tener en tus manos poder ser Dios o jugar a ser como Él. No hay tema más complejo que el amor, y eso se refleja perfectamente en la relación -con bastante química, por cierto- entre Calvin (Paul Dano) y Ruby (Zoe Kazan), que evoluciona perfectamente según avanza el minutaje. Poco a poco vamos descubriendo sus intringulises en el día a día y cómo la ficción no se parece en nada a la realidad. Con fondo de comedia y diálogos muy bien construidos encontramos una moraleja bien marcada en un final sorprendente con tintes dramáticos y que da algo de miedo.

Los personajes son lo mejor de la película, donde queda patente una vez más que, aparte de una buena historia, cualquier producto cinematográfico ha de saber cuidar a sus protagonistas. Amén de los ya mencionados anteriormente, destacar a Chris Messina como Harry, el hermano guapo de Calvin y al que todo parece irle de perlas; a la tres veces nominada al Óscar, Annette Bening como madre hippie y buenrrollista; y la sorprendente aparición de Antonio Banderas como padrastro -también hippie-.

Dicho esto, os recomiendo a todos quitaros las anteojeras y descubrir que hay algo más allá de los productos hollywoodienses. Vale que son los mejores en superproducciones, películas grandilocuentes y productos de acción, pero parece que la calidad va últimamente por otros derroteros. Lejos de tanta secuela innecesaria y de comedias románticas a las que ya no le encuentro calificativos, encontramos joyitas como ésta que nos aborda, u otras como Buscando un amigo en el fin del mundo. Ambas del género romántico, sí, pero eso no significa que sea sólo para mujeres en una tarde de domingo después del café, sino que también se pueden hacer productos de tema amoroso si están bien construidos y tratados con mimo.

Nota: 7/10

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