DREDD

En tiempos donde -y ya me repito hasta la saciedad- solo se estrenan secuelas, remakes, adaptaciones de videojuegos, secuelas de las adaptaciones, adaptaciones de cómics y más secuelas, de vez en cuando sale a la luz una película con algo diferente. Porque si ya hablé sobre la debacle de la comedia romántica y su resurgir en algunas cintas independientes, ahora toca hacerlo sobre el género de acción, tan estancado y repetitivo que aburre.

Acostumbrados a bazofias en las que sus creadores piensan que con unos cuantos tiros y actores con carisma basta para contentar al respetable, se antoja muy difícil encontrar una película de acción de calidad. En los '90 vimos grandes películas como la saga de La jungla de cristal, la excelente Heat, El fugitivo o La roca, pero en cuanto se entró en una vorágine de extender lo inextendible hasta la saciedad este género se fue al garete. Los cómics le salvaron ligeramente el culo al ofrecer una alternativa nueva con grandes personajes e historias dignas de ser contadas, pero hasta ese filón ha sido explotado en exceso.

Ahora, cuando me encuentro una película de acción que simplemente me entretiene, me doy por satisfecho. Eso me ocurrió con Dredd (2012). En una noche donde solo apetecía algo light y sin demasiado calado descubrí un destello entre tanta mediocridad, y es que la última adaptación de este personaje de cómic está por encima de la media en su género, que tampoco es mucho decir.

En un futuro no muy lejano Estados Unidos es un páramo asolado por la radiactividad. La gente se acumula en monstruosas ciudades como Mega City 1 -la que ahora nos ocupa-, con más de 800 millones de habitantes hacinados en megabloques de edificios. Los encargados de acabar con la criminalidad y el caos son los llamados jueces, policías con métodos más que discutibles que aplican la ley al instante. Dredd, uno de ellos, y una novata aspirante a juez se verán encerrados sin escapatoria en uno de los bloques cuando se hallen en mitad de la investigación de un homicidio.

Dredd, dirigida por Pete Travis, no se anda con miramientos. Es cruenta y explícita, y no se corta un pelo en mostrar balazos a cámara lenta y sangre a borbotones. La tensión se palpa a cada segundo, haciendo de cada rincón de un megabloque con miles de habitantes en su interior un espacio angustioso. No vemos grandes enfrentamientos, tampoco un superhéroe omnipotente que acaba con los enemigos en un abrir y cerrar de ojos, sino pequeñas rencillas en las que los dos protagonistas se las ingeniarán para salir adelante. Tenemos en cambio un hombre rudo, tozudo y muy contundente junto a una compañera más intuitiva y con poderes psíquicos.

Karl Urban (Eomer en El señor de los anillos) ofrece un personaje sólido, mientras Lena Headey (Cersei Lannister en Juego de tronos) es una drogradicta psicópata que provoca algo de temor. El resto, muy desapercibidos.

La película es correcta en su desarrollo, pero falla en un final que, a pesar de todo, me gustó por el hecho de ser breve, conciso y claro, sin chorradas, como el mismo Dredd. Un entretenimiento a destacar.

Nota: 6/10

Lo mejor: su simpleza.
Lo peor: un final algo flojo que disminuye la calidad del conjunto.

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