THE AMAZING SPIDER-MAN 2: EL PODER DE ELECTRO

Tras un reinicio correcto pero insulso del personaje con 'The amazing Spider-Man' con Andrew Garfield como nuevo Peter Parker, la saga del trepamuros parece encontrar un rumbo -aunque sobrecargado de todo- fijo con su segunda entrega, 'The amazing Spider-Man 2: El poder de Electro'


De nuevo con Marc Webb al cargo, la secuela del 'reboot' de Spider-man se antoja excesiva en todo. Empezando por una duración desmesurada, la película se antoja como un extenso primer acto o introducción de todo lo que vendrá en las siguientes entregas. 'The amazing Spider-Man' queda atrás como una mera presentación del superhéroe y su entorno, mientras que la que ahora nos ocupa es mucho más una primera película a efectos prácticos. Aquí se forjan conflictos y situaciones que darán a Peter Parker una forma de ser y actuar clara de ahora en adelante.

La película, como bien leí de un compañero, intenta tocar todos los palos posibles: cine de aventuras, acción, teen, romántico... Pero lo que en el fondo queda como parte más sustancial y mejor elaborada es la amorosa. La relación entre Peter y Gwen Stacy es lo mejor construido y lo que funciona de forma más brillante porque hay mucha química entre ellos. Acertaba de pleno Emma Stone en una entrevista diciendo: "No importa la acción si no conoces al tipo que hay bajo el traje"; y es precisamente ese el mejor aspecto de la película.

La sensación que da es que todo lo demás no arranca hasta la media hora final. Los malos no paran de preparar sus planes y Peter sigue indagando en su pasado y lidiando con el dilema de ser Spider-man y querer estar con Gwen al mismo tiempo. Si bien Max Dillon (Jamie Foxx) se convierte en Electro en el primer tercio de la película, se le tiene atrapado durante la mayor parte de ella para sacarlo cuando se le necesite y esconderlo cuando no. Su presencia es espectacular e intimadatoria (gracias a, en parte, el tema de Hans Zimmer para el personaje), pero el personaje, tanto por su forma de ser como de actuar, resulta decepcionante por lo histriónico y sinsentido que resulta. Es mucho más interesante un Harry Osborn (Duende Verde interpretado por Dane DeHaan) que no explota hasta el final, para ser un personaje importante de ahora en adelante. Eso sí, deberían buscarle otra motivación a los villanos para querer acabar con el hombre-araña más allá de el odio, envidia o la venganza.

La acción es impresionante. Al fin podemos sentir cómo Spider-man se balancea entre los rascacielos de Nueva York, y las batallas están mejor rodadas que nunca. Los efectos especiales resultan impactantes, alcanzando su cénit en la pelea con Electro en Times Square. Eso sí, para tratarse de una película de acción hay pocas peleas, y eso sí que parece extraño en un 'blockbuster' como lo es éste.

Lo más satisfactorio, tras la recuperación del humor original del superhéroe, llega al final, lo que hace que tras varias dudas se salga del cine con una sensación positiva. Un mal final puede arruinar una película que hasta el momento iba bien, pero un buen final puede salvar un conjunto inestable. El desenlace es atrevido y muy potente, dejando toda la carne en el asador con una secuencia final bastante emotiva y esperanzadora.

Sinceramente lo mejor es que da la sensación de que lo bueno está por llegar, y que lo visto hasta ahora no ha sido más que un aperitivo para entrar de lleno en materia, o eso espero.

Pd: la presencia de Paul Giamatti como Rhino es casi un cameo. Saldrá en la siguiente entrega.

Puntuación: ***1/2 (sobre 5)

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