GANGS OF NEW YORK


Gangs of New York (2002), es una película épica dirigida por Martin Scorsese. El film nos pone en la situación de la América del siglo XIX, donde “nativos americanos” e inmigrantes irlandeses se disputaban Five Points, los bajos fondos de Nueva York. Unos, los llamados nativos americanos, rechazan que los inmigrantes sean sus iguales, y luchan por ser los que prevalezcan por encima; por otro lado, los inmigrantes irlandeses, defienden la igualdad entre las dos “razas” y su derecho de vivir en esa tierra, eso sí, a hachazo limpio.
     
Los protagonistas del largometraje son Ámsterdam Vallon (Leonardo Di Caprio), hijo del sacerdote Vallon, líder del bando irlandés; y William Cutting (Daniel Day-Lewis), alias Bill el carnicero, cabecilla de los nativos. Una cruenta batalla decide la supremacía de Five Points en favor del bando nativo, y a partir de entonces, Bill el carnicero se hará dueño y señor de los bajos fondos. El hijo del sacerdote derrotado y asesinado es internado en un orfanato, e inmediatamente se arrimará a Bill para saciar su venganza en cuanto sea posible.

Todo empieza con violencia y acaba de la misma manera. Desde el momento en que una situación se decide a golpe de machete, no hay otra forma de igualar la balanza que no sea con lo mismo. Cabe destacar una intervención de Bill el carnicero que define perfectamente esta situación: “Si alguien me roba, le corto las manos; si me insulta, le corto la lengua; si se rebela contra mí, le clavo su cabeza en una estaca y la pongo bien alta para que puedan verla todos. Eso es lo que mantiene el orden de las cosas: el miedo”. Todos conocemos la predilección del señor Scorsese por la violencia, pero esta vez se le ha ido un poco de las manos. No es la forma de mostrarla, ya que no se ven primeros planos ni escenas verdaderamente desagradables, sino el ambiente que rodea e impregna a toda la película. El principio y el final son realmente violentos, y el resto de la película tiene un gran número de escenas en que la sangre y los machetazos son los protagonistas.

En cuanto a la actuación y los personajes, sin duda alguna el que destaca por encima del resto es el señor Day-Lewis con su Bill el carnicero. El actor irlandés aprovecha a un personaje ligeramente caricaturizado para hacer de él lo que le place. Es un ser fascista y xenófobo, pero también un hombre de principios y que valora el honor por encima de todas las cosas. Day-Lewis aprovecha todas estas características para hacer una excelente actuación, aunque un poco teatral y excesiva, y comerse a todos sus compañeros de reparto. Cierto es que el personaje interpretado por Di Caprio no da para gran cosa, ya que su Ámsterdam Vallon está bastante visto: típico joven que busca la venganza por la muerte de su padre; pero aun así, creo que Leo cumple. La dama de la función, Jenny, interpretada por Cameron Díaz, cubre un papel que yo considero perfectamente prescindible. La bella actriz no lo hace mal, pero las escenas amorosas no tienen transcendencia ninguna en la historia y sólo hacen que alargarla. En cuanto a los secundarios... ¡Qué decir! Solo Martin Scorsese y cuatro más son capaces de reunir en el mismo film a Liam Neeson, Brendan Gleeson, John C. Reilly y Stephen Graham entre otros. Todo un lujazo. 

La película tiene algún matiz para pensar. Hay una paradoja que se nos muestra constantemente, y es que el bando de los “nativos americanos” se autoproclama a sí mismo con ese nombre, siendo una apelación completamente errónea. Los nativos americanos de verdad son aquellos a los que diezmaron esos mismos que en la película se hacen llamar así. Otra paradoja es que estos mismos “nativos americanos” luchan legítimamente por defender la que consideran su tierra, los Estados Unidos, de los miles de inmigrantes irlandeses que llegan en busca de un hogar. Esa misma situación se repitió un siglo y medio atrás, cuando eran ellos los que llegaban a América invadiendo las tierras de los nativos americanos de verdad. Eso sí, donde unos llegaron en son de paz (irlandeses), otros lo hicieron a cañonazo limpio. Así que hace bien el señor Scorsese en pintar, aparentemente, a los irlandeses como buenos. Y digo aparentemente porque ellos tampoco son unos santos.

En definitiva, no es de extrañar que hoy en día los Estados Unidos de América sea un país donde predomina la cultura de la violencia viendo la manera en que se forjó. Pero yo le doy un diez al director italoamericano por haber plasmado perfectamente el ambiente que corría por aquellas fechas y por haber logrado una película con enormes tintes épicos mostrando la violencia en bandas y grupos delictivos como él mejor sabe: Godfellas, Casino… A las pruebas me remito.

Lo mejor: el personaje de Bill el carnicero y ese aroma a cine épico que desprende durante sus 168 minutos de metraje.
Lo peor: el poco desarrollo del personaje de Ámsterdam Vallon y la innecesaria historia de amor.


Nota: 7/10