VENGADORES: INFINITY WAR

Vengadores: Infinity War es el culmen del cine de superhéroes. Una película mastodóntica, épica y emocionante que cierra el principio del fin de una era en el cine palomitero


A veces se necesita tiempo para madurar y tener una opinión clara sobre una película. Sobre todo si esa cinta en cuestión llega a los cines tras una elefantiásica e invasiva campaña de publicidad que ha elevado las expectativas a unas cotas altísimas. En este caso, la película es Vengadores: Infinity War, pero bien podría aplicarse a la inmensa mayoría de superproducciones que llegan a las salas cada año.

Pasadas dos semanas desde su estreno y con dos visionados a las espaldas, es momento para analizar una película que supone un antes y un después para el cine de superhéroes en general y para Marvel en particular. El de la casa de las ideas es un proyecto con 10 años de trayectoria que parece culminar –al menos esta etapa– en esta película y su irremediable secuela, que llegará el año que viene, y lo hace con una reunión de superhéroes nunca antes vista.

El reto se antojaba complicado. Introducir tantísimos personajes en una sola película parecía más un problema que un punto a favor, pero los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely han sabido encontrar el equilibrio perfecto para que todos tengan su espacio y su unificación resulte orgánica. En segundo lugar, la acumulación de tantos superhéroes debía estar justificada por un motivo potente, y Marvel ha encontrado en el villano Thanos a su imán perfecto para atraer a todos estos personajes en un acontecimiento sin parangón dentro del género superheroico.


Aun así, esta anunciadísima reunión no deja de ser un poco trampa, puesto que la mayor parte del tiempo nos lo pasamos contemplando a los personajes divididos en pequeños grupos –estupendamente elegidos, eso sí–. La estructura paralela, casi como de serial, ayuda a mantener altas las cotas de un entretenimiento que casi nunca decae, y estas nuevas asociaciones nos brindan interesantes relaciones que no son sino otro motivo más para permanecer atentos a lo que ocurre en pantalla. De todas formas, esta conglomeración resulta en ocasiones negativa para algunos de los personajes, que aunque han tenido desarrollo en sus respectivas películas, pierden un poco de poso dramático ante la evidente falta de espacio.

Pero no solo de los superhéroes vive la película, sino sobre todo de su villano. Thanos es el personaje con mayor desarrollo de Vengadores: Infinity War; también, aquel con el conflicto más definido; y, por supuesto, el que más minutos tiene en pantalla. Esto no significa que sea un villano perfecto, pero quizá sí el "malo" que necesitaba Marvel en este preciso momento. A nivel personal no termino de empatizar con él, y algunas de sus decisiones, causantes de los momentos más dramáticos de la película, no las encuentro del todo justificadas, pero a pesar de todo, aprecio los esfuerzos por intentar construir un villano a la altura de lo que se demandaba. Uno que tiene una excelente presentación, que por fin impone, y que supone un riesgo real para la vida de los protagonistas.

Quizá los mayores méritos de Vengadores: Infinity War sean su ritmo trepidante y el acierto en el enfoque tonal. En ella tienen cabida personajes solemnes como el Capitán América (Chris Evans), Pantera Negra (Chadwick Boseman) o el mismo Thanos; y personajes mucho más cómicos como Star-Lord (Chris Pratt), Spider-Man (Tom Holland) o Drax (Dave Bautista), pero la mezcla se antoja natural y el humor está muy bien dosificado. Personalmente, prefiero la diversión asentada en el tono y los choques entre personajes antes que en chascarrillos o situaciones que en ocasiones resultan hasta anticlimáticas, pero son las menos.


Otro elemento destacable es la épica bien entendida. No se siente en grandes batallas cargadas de explosiones y efectos digitales, sino en momentos donde un personaje, con una profunda construcción previa –fruto del trabajo realizado con el paso de los años– realiza una aparición espectacular donde se combinan puesta en escena y desarrollo dramático. Estos grandes momentos se los llevan de calle Steve Rogers y Thor, pero no tengo ninguna duda de que será en la inevitable secuela donde todos los arcos abiertos hasta ahora se cerrarán en una secuencia que nos pondrá los pelos de punta.

En lo referente al desenlace, poco se puede comentar sin destripar la trama. Solo que la propia idiosincrasia de la firma Marvel impide en cierto modo llegar a sentir de verdad ese evidente drama que son esos últimos agónicos minutos. En todo caso, es un cierre sorprendente, valiente, que plantea muchas preguntas y ofrece muy pocas respuestas. Depende de cada uno decidir si esto es positivo o negativo. Lo que sí es, con toda certeza, es un hito dentro del cine de entretenimiento. Pocas veces he sentido en una sala de cine latir los corazones al unísono como en esta Vengadores: Infinity War, emocionándose y quedando sin aliento en los mismos momentos y dejando la sensación de haber asistido juntos a algo muy grande que nos involucra a todos los amantes del cine.