STAR WARS: LOS ÚLTIMOS JEDI

Star Wars: Los últimos Jedi es un arriesgado salto hacia delante con multitud de aciertos que empuja a la saga hacia un final abierto por todos los frentes

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Hablar de Star Wars siempre es difícil. Se trata de una saga que ha arraigado tan profundamente en el interior de cada uno de nosotros que resulta complicado dejar a un lado nuestra vertiente más fanática para afrontar un análisis razonado y crítico que haga justicia a un evento de tamañas proporciones como es el estreno de una nueva entrega.

Las redes sociales lo han hecho patente, pero cada vez que una película de Star Wars ha llegado a las salas de cine, los fans se han enfrentado en una especie de guerra estúpida por ver quien tenía la razón: si los que la tildan de decepción, o los que la elevan como nueva obra cumbre de la saga. Habitualmente son los primeros los que hacen más ruido, pero no hemos de dejarnos llevar por nuestros instintos más primitivos, sino recapacitar sobre todas las nuevas ideas que van surgiendo y disfrutar en la medida de lo posible de estas historias ligeras de puro entretenimiento, que es en definitiva lo que son.

Quizá sea acertado comenzar así, haciendo hincapié en la vertiente que han decidido seguir desde Disney con el estreno de Star Wars: El depertar de la Fuerza. Alejados de toda posible profundidad argumental, pudiendo incidir en el devenir de la galaxia a nivel político después de la caída del Imperio, nos encontramos con una trilogía y una película volcadas enteramente en su aspecto más lúdico. Se abandona el trasfondo para centrarse en la peripecia, compensándolo con un mayor desarrollo dramático de los personajes. Una decisión respetable (que no comparto del todo) pero que en cambio es ejecutada de una manera brillante, puesto que tanto los fuegos de artificio como los arcos dramáticos son excelentes y logran cotas de calidad muy elevadas en esta nueva entrega, Star Wars: Los últimos Jedi.

Si la política desaparece, abandonando el espíritu de las precuelas, es simple y llanamente por la intención de ganar nuevos adeptos entre el público más joven. Star Wars siempre ha sido una saga para niños y adolescentes, incluso para aquellos que viven dentro de cuerpos adultos, y eso no se ha de olvidar al analizar esta película. Por eso nunca veremos una especie de El caballero oscuro ni nada por el estilo con la saga, por mucho que los aficionados más mayores deseemos mayor profundidad y carga dramática. Esto es cine de palomitas y así hemos de comprenderlo.

Esa ligereza de la que hizo gala Star Wars: El despertar de la Fuerza se repite en Star Wars: Los últimos Jedi, pero el tono más oscuro está presente en la complejidad que se ha añadido a la personalidad de los personajes principales y algunos secundarios. Se trata de la película más rica de la saga en ese sentido, ofreciendo muchos matices grises tanto a los presuntos buenos y malos, haciendo mucho más intensa la relación entre los mismos. Es, paradójicamente, una película de personajes más que de trama que tiene multitud de momentos épicos, emocionantes y emotivos gracias a la buena construcción de los mismos.

Así encontramos a un Luke Skywalker estelar, cargado de conflicto al que da gusto escuchar, y a un Kylo Ren brillante, lleno de dudas, que hace suya la película por momentos. Rey completa el trío de ases haciéndose grande y erigiéndose en verdadera heroína e icono de la nueva trilogía. En ese sentido, los tres actores están colosales: Mark Hamill nunca ha estado mejor en su papel, Adam Driver muestra los múltiples matices que es capaz de ofrecer, y Daisy Ridley es capaz de adoptar todos los rasgos que se le presuponen a una heroína de su talla. Sin duda un modelo perfecto de personaje feminista en una película cargada de personajes femeninos importantes. Todo esto es fruto de un gran guion con algunos de los mejores diálogos de la saga.

Hasta el Poe Dameron de Oscar Isaac tiene un arco propio en esta película tan coral donde incluso hay más personajes de los que da tiempo a desarrollar. Los peor parados son Finn y Rose, la nueva incorporación, lastrados por el propio devenir de su trama. Leia, a pesar de protagonizar el momento más crítico de la película, también tiene su espacio, como otros personajes nuevos que en el cómputo global hacen la película mejor.

La estructura es muy similar a la planteada en Star Wars: El Imperio contraataca: el entrenamiento jedi de Rey/ Luke y la huida de la Resistencia/ Han Solo de las naves de la Primera Orden/ Imperio. En este caso hay una tercera vía protagonizada por Finn y Rose, mencionada más arriba, que sirve de peripecia para contrarrestar los momentos más sosegados de la trama maestro-aprendiz, pero que no termina por resultar tan efectiva como se pudiera esperar. Aun así sirve de contrapunto y ofrece buenos momentos, incluida una sorprendente visión muy crítica con el sistema capitalista —quién lo diría de una película de Disney, la empresa más poderosa del mundo del entretenimiento—.

A nivel visual y de dirección, Star Wars: Los últimos Jedi está entre lo mejor de la saga. Hay momentos que quedan grabados en la retina, como el entrenamiento de Rey en Ach-To, la segunda escena en el salón del trono de Snoke y una batalla final —cercana incluso al cine bélico— que evoca directamente al planeta Hoth de El Imperio contraataca. La acción está rodada de manera magistral y no hemos de pasarlo por alto por mucho que se trate de un blockbuster con muchos millones detrás, puesto que en estos casos rara vez se ve la huella de un autor, y en esta ocasión sí que se percibe la mano de Rian Johnson tras las cámaras.

Entre lo mejor de la película está también, una vez más, la música de John Williams, ofreciendo nuevos temas y modificando los anteriores para ofrecer una partitura intensa pero a la vez muy de Star Wars a pesar de las novedades.

En el apartado negativo queda, pues, una estructura descompensada en cuanto a interés, y algunas decisiones que si bien no son erróneas objetivamente hablando sí que traicionan a lo sembrado con anterioridad e incluso un poco al espíritu de la saga, cortando por lo sano de manera demasiado abrupta en algunos casos. Algunas pueden sentar bien al conjunto, entrando ya en el plano subjetivo, pero otras pueden sacar al espectador de la película o decepcionarle por resultar demasiado radicales o por no responder a todas sus preguntas de manera satisfactoria.

Star Wars: Los últimos Jedi se antoja una película desmitificadora, rompedora con el pasado pero que conserva la esencia de los mejores momentos de la saga, aportando nuevos y enriquecedores matices; pero, por otro lado, es también más conservadora de lo esperado y deja todo el pescado por vender al cierre de la saga, donde JJ. Abrams tendrá mucho trabajo para cerrar la trama, resolver preguntas y terminar de dar cohesión a una trilogía que por ahora se sostiene sobre todo por la fuerza de sus personajes.