LA LA LAND

La La Land

El amor al cine y a la música se juntan en La ciudad de las estrellas (La La Land) (La La Land, 2016), una película bonita, ligera, entretenida y rompedora con un final brillante

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Tan solo las casualidades habían impedido que volviera a ver La La Land desde su ya lejano estreno. Solamente su pegadiza música me mantenía enganchado a ella como una droga de la que resulta complicado quitarse, pero incluso con el paso de los meses la frecuencia con la que la escuchaba había decaído progresivamente hasta quedar relegada a algunos paseos de camino al trabajo.

Ayer volví a verla. Conocer la banda sonora de Justin Hurwitz casi de memorieta me sirvió para fijarme en otras cosas –algo habitual en segundos visionados– que me permitieron disfrutarla a otro nivel y recordar por qué, a pesar de algunos titubeos, me había gustado tanto el día en que la fui a ver a una sala de cine. Ahora recuerdo que durante la película me mantuve escéptico. No paraba de decir para mis adentros que aquella historia de amor, con dos personajes tremendamente manidos, era un cliché con todas las letras, pero el bueno de Damien Chazelle tenía guardado un giro en forma de bofetón sonoro y picante.

La La Land empieza amable, colorista y bailarina, con un número alegre y dinámico que sienta las bases de lo que será la película: una carta de amor al cine y, en concreto, al género musical. Hay mucho idealismo en ella, y el tono está muy alejado de la oscura y tensa Whiplash, pero conserva la temática: ¿a qué estamos dispuestos a renunciar para cumplir nuestros sueños? Tras un primer tercio muy musical y ligero, pasamos al desarrollo de la relación, la parte menos brillante que incluso se puede hacer un poco larga hasta que comienzan a emerger los conflictos. Entonces la película mejora enteros y se prepara para brindarnos un final brillante, sorprendente y bellamente filmado que la eleva de lo que venía siendo un notable alto a la categoría de sobresaliente. Una jugada arriesgada que se torna en maestra cuando acaba la función, dándole la vuelta al género y dejándonos un regusto que ninguno esperábamos.

Así, pues, hay momentos para todos los públicos, incluso para aquellos que buscaban algo diferente a pesar de tratarse de una película mainstream. De esta manera, han sido pocos los defraudados por La La Land, de la que pueden destacarse una gran fluidez visual, su melodiosa música y una Emma Stone que se come la pantalla. Imprescindible.