SPIDER-MAN: HOMECOMING

Spider-Man: Homecoming

El segundo relanzamiento de la saga insufla a Spider-Man humor y verdadero carisma gracias a, entre otras cosas, un tono adecuado y un acertado reparto

spider-man: homecoming

Spider-Man: Homecoming es una buena película. Marvel tiene la fórmula desde hace tiempo y no se desvía demasiado a la hora de volver a hacer nuevas entregas de sus sagas predilectas. Entre ellas necesitaban a su superhéroe estrella, Spider-Man. Así, gracias a Tom Holland y un gran sustento en el humor y buen rollo, construyen una buena base para películas venideras.

Se trata de una película de una ligereza de la que no se avergüenza, sino todo lo contrario. Se ha rebajado el tono en varios niveles con respecto a las dos películas protagonizadas por Andrew Garfield y ahora todo es más liviano, lo que sin duda le sienta mucho mejor al personaje.

El protagonista está rodeado de una buena amalgama de secundarios que ayudan a reforzar la personalidad de Peter Parker/ Spider-Man, dotándole de verdadera identidad. Michael Keaton brilla como villano, y no tanto por el personaje en sí, que se mantiene en un nivel aceptable, sino por los matices y la tensión que aporta con su actuación. A pesar de tener un motivo para hacer lo que hace, carece de cierta coherencia y el interés que genera es irregular.

Unido a este pensamiento encuentro el hecho de que nada tiene demasiado peso. Los conflictos son igual de ligeros que la película y se echa en falta al menos una leve carga dramática que sobrevuele todo el conjunto. Dios, que nadie entienda que necesito volver a ver la muerte del tío Ben, pero sí que es cierto que es un acontecimiento sin el cual el personaje no sería lo que es. Así como en la saga de Sam Raimi el personaje se movía principalmente por ese suceso y construía su forma de ser a partir de él, el conflicto otorgado a este nuevo Spider-Man es tan insulso y poco potente como que quiere demostrar a los demás que es capaz de hacer grandes cosas; un motor sin suficiente gasolina para funcionar.

Por ello la película no cala. Nos divertimos con las escenas cómicas, vibramos a medias con las de acción y... quedamos defraudados cuando trama y conflictos se cruzan en sus caminos, porque el choque, el clímax, no emociona. A todo esto he de sumarle la poca relevancia de la historia amorosa, que solo sirve para asestar un giro inesperado en el último tercio de la película. Por lo menos la nueva semilla de amor plantada en los últimos compases parece prometer nuevas y mejores emociones.

Con respecto a los conflictos de los personajes, es significativo que la escena más potente de la película sea con los dos personajes principales sin sus respectivos trajes, dentro de un vehículo en medio de la noche.

En definitiva, un digno producto y un buen acercamiento a lo que todos desearíamos en un Spider-Man en la gran pantalla, pero con menos personalidad y trasfondo que la primera y mejor adaptación del superhéroe en el cine.