EL HOMBRE DE ACERO



El nuevo renacer del hombre de acero ha cumplido las espectativas que se tenían desde hace tiempo. Cubierto bajo la capa de la seriedad y tono oscuro que impuso Nolan -productor de la película- con su Batman en el 2005, Superman renace con un punto de vista completamente diferente al visto en otras ocasiones. Atrás quedaron momentos humorísticos, tramas minúsculas y calzoncillos a la vista. Este nuevo Superman es supersónico y ofrece la misma contundencia tanto en sus golpes como en el global de la película.


Nacida del puño y letra de David S. Goyer, responsable junto a Nolan de la trilogía de El caballero oscuro, El hombre de acero bebe de algunos elementos de su compañero de DC: un buen prólogo, en este caso sobre el fin de Kripton, da comienzo a la historia para a continuación contarnos la vida y la evolución del héroe, Clark Kent.

A través de recuerdos y saltos en el tiempo descubrimos a un Superman preocupado por sus pensamientos y dudas internas, que busca respuestas constantemente sobre quién es y cómo ha llegado hasta aquí. Al igual que Bruce Wayne, construye una identidad desde lo más íntimo hasta lo público. Así conocemos a un superhéroe más cercano con el que poder empatizar.

Rodeado de un grandísimo reparto, con Michael Shannon como el malvado general Zod o Amy Adams en el papel de la intrépida periodista Lois Lane, el joven Kent, encarnado por Henry Cavill, va construyendo su ser gracias a las vivencias con su padre adoptivo, un Kevin Costner cuya presencia se antoja bastante escasa; las conversaciones con su padre biológico, Jor-El (Russell Crowe); y sus propios descubrimientos. Son las pequeñas anécdotas de la muestra de su fuerza y poder a lo largo de su juventud las que compensan la balanza del sentimentalismo y búsqueda interior, una fórmula distinta a la de Batman pero no por ello menos efectiva. Una consecución de escenas que se aleja de la continuidad en los inicios del Wayne de Batman begins que encontrarán la coherencia con el horror vacui que le entra al director en el último tercio del largometraje, donde contemplamos una secuencia de acción tras otra; un no parar donde las peleas y explosiones alcanzan su cénit.

Una vez cubierta la parte de los orígenes y la búsqueda de su ser parece que se nos intenta compensar el precio de la entrada con una consecución de batallas de un nivel no esperado. De hecho, ello provoca un alargamiento de la duración que podría haberse omitido. Esperaba, sin embargo, en vez de tanta grandilocuencia, un tramo final más pausado que concordara con el excelente tráiler -la mejor pieza de toda la producción junto con la BSO de Hans Zimmer-, el devenir de la propia película, y que guardara parte de la pólvora para la siguiente entrega. Sin embargo, se ha optado por un desenlace al estilo de Michael Bay, buscando compensar a aquellos a los que la primera mitad les resulte plomiza.

Aún así, Zack Snyder consigue un tratamiento muy personal con grandes planos, esos destellos tan de J. J. Abrams y una composición que recuerda ligeramente a 300, uno de sus mayores logros. Cumplida con creces su labor, el resto de esta notable producción se debe gracias a un excelente reparto, aunque algo desaprovechado debido a la cantidad de grandes actores que reúne, y un buen tratamiento de los personajes, sin lo que el tour de force final podría haber estropeado un poco el conjunto. A pesar de ello, me quedo con el final de la película, que supone el inicio de todo, y esa construcción del hombre, ese "Begins" personal del héroe que se hará desde hoy mismo con el trono de los blockbusters actuales y por llegar basados en personajes de cómic.

Puntuación: **** (sobre 5)

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