THE WALKING DEAD (3ª TEMPORADA)


Antes de nada, dejo aquí el enlace de mi análisis, hace más o menos un año, del episodio piloto, primera y segunda temporadas de The Walking Dead por si no lo habíais leido.

La tercera temporada arranca de forma trepidante con un grupo muy afectado por los acontecimientos del pasado y exhausto tras estar todo el invierno en busca de un lugar en que asentarse. Tras varios meses, el grupo comandado por Rick encuentra el que parece ser un buen lugar para establecer un campamento: una prisión abandonada.

Después de una segunda temporada flojita salvo los últimos episodios, los guionistas de The Walking Dead han sabido dar con la tecla para que una temporada de más de diez episodios no se les hiciera larga. En esta ocasión han sabido encontrar el equilibrio perfecto gracias a la adición de nuevos personajes y escenarios, que han supuesto un soplo de aire fresco para un producto que iba perdiendo audiencia poco a poco. En un ambiente, el de la segunda, donde los únicos enemigos eran las hordas de "caminantes" que acechaban la granja donde estaban asentados, ahora son los peores rivales posibles, otros seres humanos, quienes siembran el peligro y preocupan a nuestros protagonistas.

Encontrábamos anteriormente un vacío muy grande en la trama de la serie, y es que no había un rival al que temer. Los problemas y rencillas surgían dentro del propio grupo, pero a la hora de enfrentarse a algo mayor echábamos de menos un enemigo de verdad, con nombre propio, malvado y con carisma. Ahora, en la figura de un hombre que se hace llamar "Gobernador", regente de un pueblo de supervivientes llamado Woodbury, la propia serie y nosotros mismos hemos encontrado al némesis que necesitábamos.

El número de zombis ha aumentado considerablemente, así como la violencia y los litros de sangre por episodio, pero éstos han pasado a ocupar un segundo plano a pesar de seguir siendo muy relevantes y de servir como herramienta útil para crear situaciones de conflicto. Ahora nuestros nervios y preocupaciones no dependen de los muertos, sino de los conflictos entre vivos, los cuales se antojan mucho más interesantes.

Encontramos, pues, dos historias paralelas: la del grupo protagonista intentando limpiar y asentarse en una prisión que dará mucho juego; y la de los habitantes de Woodbury. Ello le da dinamismo a la serie cuando van por caminos separados y complejidad cuando se entrecruzan. Vivimos el retorno de uno de los personajes más carismáticos y, como he comentado antes, la inclusión de nuevas figuras, tanto principales, como el gobernador y Michonne -una mujer de armas tomar-; como secundarias.

The Walking Dead comienza con mucha fuerza, tanto que sorprende que con el transcurso de los episodios siga ofreciendo cotas de violencia y entretenimiento a tan altos niveles. Lamentablemente y de forma esperada, era imposible que supiera mantenerse así hasta el final, con lo que en los últimos 5 episodios encontramos un ligero bajón que culmina con un desenlace algo desaborido e insustancial, pero que, a diferencia de las anteriores, apuesta -o eso parece- por la continuidad con la que será la cuarta entrega de una serie que tras varios bandazos ha sabido encontrar el rumbo.

Lo mejor: más acción, nuevos e interesantes personajes y algo que contar.
Lo peor: va de más a menos y el desenlace defrauda un poco al esperarse mucho más rotundo.

Nota: 7/10

Twitter: @MMAudiovisuales y @feresbec