WAR HORSE


War Horse (2011) es una película dirigida por Steven Spielberg, el "rey Midas de Hollywood". La cinta narra la historia de amistad entre un chico inglés y su caballo, a los que separa la I Guerra Mundial. La película está basada en un relato infantil de Michael Morpurgo, y anteriormente ya ha sido llevada al teatro.

El director norteamericano vuelve a su género por antonomasia, que es nada más y nada menos que el familiar. Spielberg vuelve a contarnos otra historia de amistad pese a las adversidades, como ya hiciera en E.T., y para ello no escatima en medios para sacar el lado más íntimo de cada uno de nosotros.


El realizador de Indiana Jones y Tintín, pone su perfección técnica y dominio de la cámara al servicio del sentimentalismo puro y duro. Esa perfecta fotografía (merecedora de Óscar) con cada plano y cada escena, consigue elevar la película al género de la épica, donde la guerra toma un papel fundamental, tanto para dar el sentido dramático necesario como para dotar al conjunto de ese aroma a cine clásico que desprende por los cuatro costados. La perfección visual se percibe desde el principio del film, con la campiña inglesa de fondo, hasta su desenlace, con uno de los atardeceres más rojos y bellos que ha visto el mundo del celuloide. En el recuerdo quedan escenas como la carga de caballería desde los dorados campos de trigo franceses, la galopada de Joey (el caballo) a través de un bombardeado campo de batalla, y un bellísimo plano grabado a través del reflejo del ojo del caballo.

Spielberg vuelve a formar pareja con John Williams, autor de la música de, prácticamente, todas sus películas; y el dúo vuelve a funcionar. Williams aporta una banda sonora con tintes de película animada encabezada por una dulce melodía que encumbra los momentos más emotivos del largometraje. Facilitan la labor del compositor las grandiosas escenas y paisajes que el director le brinda.

Dentro del elenco nadie brilla por encima de nadie, sobre todo porque es Joey el protagonista absoluto de la historia. En el papel de Albert Narracott, el chico amigo del caballo, Jeremy Irvine ofrece una actuación solvente, en la que forma un buen binomio junto a su criatura. Irvine se muestra un poco soso al principio, pero según avanza la función su labor se vuelve más creíble. Los padres del chico, Ted y Rose (Peter Mullan y Emily Watson) tienen la química necesaria para el tiempo que salen en pantalla, haciendo un buen papel tanto de ex combatiente alcohólico como de madre coraje. El resto de personajes son todo bondad, como si de una película Disney se tratase, y muchos de ellos no llegan a calarnos debido a sus escuetas apariciones. Eso sí, cabe destacar por encima del resto al abuelo francés y al cuidador de caballos alemán. Es una pena que el papel de Benedict Cumberbatch sea meramente testimonial; quiero ver más de este Sherlock.

Cada conversación indica claramente que se trata de una película para toda la familia. Es esa la razón por la que la obra está centrada en la exposición de los sentimientos de la amistad y el valor y no en vernos retorcer en la butaca. No se atisba ni un ápice de violencia, y las escenas de carácter dramático y bélico son suaves y resueltas de forma muy sutil en vez de ofrecerse crudas y realistas como en la terrible y extraordinaria Salvad al soldado Ryan. La intención de Steven es, pues, utilizar los medios de que dispone para tocar la fibra sensible del respetable, aunque recurra al final de la cinta a momentos muy sentimentales y a situaciones un tanto risibles que espantarán al espectador escéptico pero que no le impedirán disfrutar al público que se deje llevar.

He de decir que hubiera preferido, en cierto modo, que fuera más dura en sus momentos clave, y que, en vez de pecar de blanda y ser completamente apta para todos los públicos, hubiera echado algo más de carne en el asador dando más carga dramática a la relación entre chico y caballo con una guerra más intensa. A pesar de todo, podría haberse mantenido el sentido de la amistad y el valor, pero entiendo que no era ese el propósito del relato de Michael Morpurgo.

La forma de tocarnos el corazoncito es lo de menos, y por eso no debemos escandalizarnos cuando War Horse sea irreal y busque emocionarnos, ya que a los sentimientos eso poco o nada les importa. Se puede, incluso, llegar a hablar de lágrima fácil, pero, sinceramente, creo que no hay ninguna que lo sea.

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Nota: 8/10

Pd: en breves estará aquí Pablo Rodríguez (@pablorodromo) para mostrárnoslo todo sobre las series de la televisión y aportar su punto de vista.