SHERLOCK HOLMES: JUEGO DE SOMBRAS


Sherlock Holmes: Juego de Sombras (2011) es una película dirigida por el inglés Guy Ritchie. El largometraje narra las andanzas del famoso detective y su fiel acompañante John Watson en su segunda aventura tras Sherlock Holmes (2009). En esta ocasión se enfrentarán a un peligro muchísimo mayor, el malvado plan del villano con la mente más perversa de Europa: el profesor James Moriarty.

Se trata de una entrega mucho más oscura y seria que su antecesora. Las situaciones que viven sus protagonistas les llevan al límite; aquí Holmes y el doctor Watson se encuentran realmente en peligro, un peligro mortal que no se llegaba a palpar en la anterior de sus aventuras. Encontramos, además, una doble dosis de todo: más acción, más misterio y más peligro; aunque la trama en muchas ocasiones quiere ser demasiado magnánima.

La atmósfera que envuelve la película sigue los pasos de la primera entrega. Mientras la historia transcurre en Londres, podemos ver cómo la ciudad aparece envuelta en colores sepias con un constante aspecto de lobreguez y una estética muy de cómic que benefician al conjunto y, sobre todo, a la acción. También dejan una buena sensación los ambientes azules en los que se mueven Holmes, Watson y cía. durante su estancia en Alemania, que transmiten más tenebrosidad al momento, donde viven una de las mejores escenas de acción de la película. La cámara lenta en los combates y momentos de mayor peligrosidad y los flashforwards para las escenas en que Holmes utiliza su deducción siguen siendo muy protagonistas en este segundo film, y son ya característicos los momentos en que Sherlock visualiza sus golpes antes de ejecutarlos.

En lo referente al reparto, Robert Downey Jr. es el amo y señor de la película, y vuelve a clavar a un reinventado Sherlock Holmes que nos recuerda más que nunca al, venido a menos, capitán Jack Sparrow. La película es él, y la buena relación que tiene con su compañero de aventuras fuera de pantalla se nota muchísimo a la hora de verlos juntos en escena. Jude Law hace a un muy buen doctor Watson, y es suya, en parte, la culpa de que la pareja protagonista funcione tan bien. Noomi Rapace no hace nada destacable, es más, su personaje se hace completamente insulso y prescindible. Pienso que la gitana, cuyo nombre precisamente no recuerdo, ha sido metida con calzador por la necesidad de contar con una presencia femenina en la historia. La interpretación del enemigo por antonomasia de Sherlock Holmes, James Moriarty, está bastante lograda por Jared Harris, consiguiendo que sea en sus intervenciones cuando la película se vuelve más interesante. El papel de Moriarty fue una incógnita durante mucho tiempo; se llegó a hablar de Christoph Waltz, Brad Pitt o Daniel Day-Lewis, pero finalmente el equipo llegó a la conclusión (o eso dicen) de que una figura así podría haber solapado la labor de Downey Jr. En cuanto a la aparición de Stephen Fry como Mycroft Holmes se me antoja innecesaria y erróneamente planteada (además de la imposible relación física entre ambos, lo que lo hace más difícil su identificación como hermano de Sherlock). El papel de la mujer de Watson no añade nada a la trama.

Muchos son los críticos con esta reinvención del detective más famoso del mundo. Se quejan de que se ha desvirtuado al personaje, y que Holmes, que antes era  elegante y serio, ahora es un bufón que resuelve los casos a mamporros. Yo defiendo a este Sherlock reinventado por Ritchie. Su conversión en un hombre de acción ha conseguido que le conozca un público mucho más amplio, aunque sea en su lado más comercial. No olvidemos, además, que la película está basada en el cómic de Lionel Wigram, y éste dista mucho de la obra original de Sir Arthur Conan Doyle. Sí echo de menos algo más de presencia en pantalla del archienemigo de Holmes. Así como Christopher Nolan dio en el clavo al entregarle el protagonismo de la película al Jóker en El Caballero Oscuro, aquí Ritchie no se ha atrevido a hacerlo. Cierto es que Holmes y Watson dan para mucho más que un multimillonario que de noche sale a ejercer la justicia, pero Moriarty es tan buen villano como el Jóker (es más, son de los mejores malos que existen), y su presencia se me hace escasa.

Como punto fuerte de la película destaco la abundante presencia de escenas de acción y la diversidad de lugares en que se desarrolla la trama (Inglaterra, Francia, Alemania y Suiza), aunque he de decir que esta segunda parte no goza de la frescura que tenía la primera. El humor irónico desaparece en pos de conversaciones más propias de escenas de matrimonio que de dos de los detectives más inteligentes del mundo (aunque la genial pareja sigue haciéndonos reír). También se ha perdido el factor sorpresa, y el director intenta compensarlo con el doble de explosiones, tiros y vueltas de guión en vez de ofrecer algo nuevo, atrevido o diferente. La acción no siempre está justificada, y una simple búsqueda no demasiado significativa acaba con una pelea de dimensiones algo exageradas.

A pesar de todo, sigue manteniendo la saga a la altura, y se posiciona entre lo mejorcito del cine de entretenimiento de calidad junto a Batman (en primerísima posición), Misión Imposible y algunas más. Sherlock Holmes: Juego de sombras muestra una calidad suficiente como para estar seguros de que, al menos, otra parte más estará por llegar. Y ya que el cine de calidad se encuentra apagado o fuera de cobertura (salvo en contadísimas ocasiones), siempre es bienvenida una superproducción que nos dé un par de horas de entretenidísima acción y que nos haga entender que hay razones por las que seguir yendo al cine.

Lo mejor: la pareja protagonista que sigue deleitándonos con momentos geniales.
Lo peor: la ausencia de sorpresa.

Nota: 8/10